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CENTRO DE ESTUDIOS
ORGONOMICOS PARA See also English Version of this article
Villa de las Rosas, Departamento
San Javier, Traslasierra, (5885) Córdoba, Argentina Hemos dedicado los últimos veinte años al estudio y ejercicio de la Orgonomía. Nuestras experiencias en este campo desembocaron en un desarrollo teórico y técnico propio al que hemos llamado Desplazamiento de la Percepción, por su énfasis en la transformación del aparato sensorial y de las funciones perceptivas que acompañan a la remoción de la coraza caracterial. Intentaremos definirlo a continuación. En estados de fatiga o ansiedad, o en estados febriles, es frecuente experimentar alteraciones en la percepción: visión borrosa, dificultades para enfocar objetos ubicados en distintos planos, distorsiones en el registro de la temperatura ambiente, aumento o disminución de la sensibilidad del oído o del olfato, disminución de la tolerancia a los estímulos en general o, por el contrario, atenuación generalizada. |
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Estos cambios están directamente relacionados con el estado general del organismo: se trata de alteraciones funcionales, pues no se verifica daño alguno en los tejidos de los órganos de los sentidos o en el sistema nervioso, y la percepción vuelve por sí misma a la normalidad una vez superado el estado general causante de la alteración. Durante el período de distorsión perceptiva nos encontramos frente a un mundo diferente, más atenuado o más intenso, más nítido en sus formas o más desdibujado, donde la luz y el sonido nos arrullan o nos resultan casi intolerables.
La acción terapéutica altera el estado psicofísico en forma específica. El Psicoanálisis, por ejemplo, actúa directamente sobre el mundo simbólico del paciente y, mediante la resignificación de sus contenidos, indirectamente sobre el mundo real y el estado psicofísico general. Las técnicas conductistas adiestran al paciente en la valoración adecuada de los estímulos y en las conductas correspondientes. De este modo, logran un cambio en el estado psicofísico mediante el control de los afectos, que favorece la afirmación del yo, y revaloriza la imagen de sí.
En el caso de la Orgonomía, la acción se ejerce sobre el carácter, definido como alteración crónica del yo. Dada la función defensiva del carácter y su rigidez, se lo ha llamado también coraza. Existe una identidad funcional entre los rasgos psíquicos del carácter y la postura y expresión corporal. La coraza caracterial es idénticamente funcional a la coraza muscular. Son dos expresiones de una misma organización: el conjunto de las defensas del yo que en el adulto se han vuelto crónicas y actúan en forma automática. Al carácter concebido de esta manera corresponde un estado psicofísico específico: un cierto tono muscular, presión sanguínea, cierta sensibilidad hacia los estímulos sensoriales, etc. que caracterizan al individuo. El trabajo terapéutico actúa sobre las defensas del yo, mediante el análisis de los rasgos de carácter o directamente sobre los músculos y la respiración. Al ceder las defensas desaparece o se atenúa un rasgo de la coraza caracterial y también su contrapartida en la coraza muscular. La persona ha cambiado: ha cambiado su carácter y, en consecuencia, el estado general de su organismo, sus sentidos han sufrido una alteración funcional: se ha modificado su percepción del mundo.
Si aceptamos que a un determinado estado psicofísico corresponde un determinado funcionamiento de los órganos de los sentidos y del sistema nervioso y, como resultado, una específica percepción del mundo generada por ellos; si aceptamos también que a una determinada organización psicofísica corresponde un determinado carácter, debemos aceptar que la modificación del carácter implica un cambio en la percepción del mundo. Este cambio se produce en forma de saltos cualitativos que corresponden a insights logrados durante la acción terapéutica o como consecuencia de ella. Los cambios pueden ser mayores o menores, pero son acumulativos. Ante cada transformación el carácter se reorganiza, reestructura sus defensas: esto provoca el cambio del estado psicofísico en general, al reestructurarse tanto la coraza caracterial como la coraza muscular.
Si a este proceso terapéutico le agregamos la participación consciente de la persona tratada, esto es, la comprensión y vivencia de los detalles que rodean las sucesivas reestructuraciones del carácter, ponemos en movimiento la percepción.
Visto de esta manera el proceso terapéutico consiste en sucesivos desplazamientos de la percepción, donde a una nueva organización de las defensas del yo corresponde una nueva estructura corporal y una nueva percepción del mundo.
La acción perceptiva desplazándose, asegura la permanencia en la nueva estructura caracterial e impide el regreso al acorazamiento anterior.
¿Cuáles son los estados límite en este proceso? El punto de partida es una persona que identifica su ser con su carácter, y su percepción del mundo con la realidad. En este estado es imposible la acción terapéutica, por consiguiente es necesario un primer desplazamiento de la percepción, que abra una grieta en su narcisismo y dogmatismo característicos. Nuestro centro desarrolla la capacidad para este primer desplazamiento en grupos de trabajo que llamamos "Jornadas de Convivencia Didáctica", donde se estudia en forma vivencial el Pensamiento Funcional. El objetivo de estos grupos es que cada estudiante logre hacer conscientes sus rasgos de carácter, sea capaz de identificarlos y de observar cuáles son los estímulos que los desencadenan y cuál es su función defensiva. Si bien este trabajo tiene en sí mismo un valor terapéutico se lo considera sólo una preparación para la terapia individual. La terapia propiamente dicha consiste en la remoción de cada uno de los rasgos de carácter, esto es, la eliminación de todas las rigideces y automatismos, en suma, consiste en el desmantelamiento del acorazamiento caracterial y muscular. Esto lleva al paciente al estado inicial de su vida: el nacimiento, en que se imprimió la matriz que, a lo largo de su historia personal, daría origen al carácter. Aquí nos enfrentamos con el otro estado límite del proceso: el punto en que ya no hay rigideces y donde la percepción, en consecuencia, no sufre distorsiones: la persona toma contacto consigo misma, con su propio origen, con toda la situación que debió vivir para ingresar en un lugar determinado del mundo y desde allí percibir. Toma contacto con su nacimiento. Es este el momento en que la percepción queda encerrada en las funciones específicas del organismo, el cual queda allí determinado por las circunstancias de su propio nacimiento. Es este el último obstáculo, la percepción ha realizado una última transformación, un último desplazamiento: el yo se disuelve, la percepción se libera y finalmente, ya sin disociación, se percibe a sí misma.
Puede decirse que este último estado excede los objetivos de un tratamiento psicológico: no lo negamos. Sólo sostenemos que allí se llega mediante la aplicación consecuente de acciones que pertenecen a una técnica terapéutica; en estaciones intermedias se logra un mayor equilibrio y bienestar psicofísico, y el conocimiento vivencial del proceso de transformación del carácter.
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